jueves, 23 de enero de 2014

Temas y...!directo al corazón¡

El recién fallecido líder sudafricano, Nelson Mandela dijo en su discurso leído en 1993 ante autoridades, figuras monárquicas e integrantes del Comité Noruego del Nobel:
“Quiero extender un agradecimiento de corazón por acogerme como ganador del Premio Nobel de La Paz”.
 Madiba, como también se le conoció al considerado el padre fundador de esa nación una vez liberada del odioso Apartheid, era muy dado en hablarle al corazón de las personas, porque sabía que esa era la única manera de que lo escuchara y así poder lograr que los habitantes de Sudáfrica pudieran vivir sin las ataduras de la discriminación racial y sin pensar en el odio o la venganza.
No soy un gran experto en redactar discursos -ha habido algunos que he tenido que elaborar en circunstancias muy especiales como aquel que le redacté a Héctor Ibarra Espinoza, hace un cuarto de siglo y arriba del cofre de una Suburban durante un acto conmemorativo del natalicio de don Benito Juárez, allá en el poblado que lleva su nombre en el Valle de Santo Domingo- pero en más de una ocasión, le he sugerido al orador que los lee, que hable con el corazón, a quienes le escuchan.
Y también, a algunos candidatos a cargos de  elección popular, les he sugerido que le hablen al corazón de las personas a quienes se dirigen.
En este espacio, alguna vez le expliqué por qué los Estados Unidos de Norteamérica no habían conquistado al pueblo de Irak, luego de las dos cruentas guerras que esas dos naciones tan disímbolas enfrentaron en las dos últimas décadas del anterior siglo y milenio. Los gringos o yanquis, lograron la victoria en el terreno de las armas, pero no conquistaron los afectos, el corazón, de los iraquíes.
Por ello bien decía un vencido en la guerra, palabras más palabras menos: “podrán conquistar nuestros reinos, nuestras armas, nuestras tierras, nuestras mujeres, pero no podrán conquistar nuestros corazones”.
Nelson Mandela, fue de esa estirpe de seres humanos que tan sólo con la palabra lograron derribar tiranías, barreras raciales y liberar a miles o millones de personas, de la opresión o de esos prejuicios.
Y no crea usted que no intentó conquistar lo que anhelaba para su pueblo sudafricano por la vía de las armas, en alguna etapa de su vida, pues, precisamente por ello fue que pasó 27 años en la cárcel.
Pero ese largo periodo de soledad y olvido, le permitieron entender que, como Gandhi, sin recurrir a la violencia, se pueden alcanzar los grandes sueños.
Como “yo tengo un sueño”, de otro virtuoso de la palabra oral, el  reverendo Martin Luther King.
Madiba pregonaba aquello de que el odio se infunde y el amor nace.
“El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”, dijo el extraordinario líder sudafricano muerto en diciembre pasado.
Así es que si usted que dedica unos minutos de su amable tiempo a leer esta modesta columna, se ha topado con piedra cuando quiere alcanzar un objetivo en el que lograrlo dependa de la voluntad de otro ser humano, háblele con el corazón y a su corazón para lograrlo.
No hay de otra.
La lectura es vida, lo demás…es lo de menos…hzr@prodigy.net.mx


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